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AviculturaCliente: PROA

El dato llegaba una semana tarde.
Justo el ciclo en que cambia la postura.

PROA contaba huevos a mano, galpón por galpón. Cruzar ese conteo con la edad del lote, su línea genética y el alimento consumido tomaba una semana — para entonces, la decisión que ese número sugería ya no se podía tomar.

5-15%
Desviación del conteo manual
99,9%
Precisión del conteo hoy
1 semana
Tardaba el cruce completo
95%
Precisión semanal en silos

El problema

PROA contaba huevos a mano. Galpón por galpón, plantel por plantel, todos los días. El conteo manual tenía una desviación de entre 5% y 15%, pero lo caro era otro: el dato tardaba en llegar, y cuando llegaba había que cuadrarlo.

Y cuadrarlo no era comparar dos cifras. Para saber si un galpón rendía había que cruzar cuántos huevos se contaron, la edad del lote, su línea genética, la curva de postura que esa genética debería dar a esa edad, y cuánto alimento consumió el galpón en el mismo periodo. Cinco variables, cada una en un sistema distinto y con su propio retraso.

El cruce completo tardaba una semana. Y una semana no es un número cualquiera en avicultura: es exactamente el ciclo en que cambia la postura de un lote. El dato para evaluar una semana llegaba cuando ya había empezado la siguiente.

PROA iba siempre un ciclo por detrás. No podían actuar sobre el lote que estaban midiendo — solo constatar, después, lo que ya había pasado.

Por qué los errores no se cancelaban

La conversión alimenticia —cuánto alimento por huevo producido— es el indicador que gobierna la economía del negocio, y sale de dividir producción entre consumo. Con el conteo desviado hasta un 15% y la medición de silo hecha a ojo, al dividir dos mediciones imprecisas los errores no se cancelan: se componen.

El resultado es que una diferencia real de rendimiento entre dos líneas genéticas quedaba enterrada bajo el ruido de la propia medición. No es que costara detectarla: era imposible. Por eso establecer cuánto debería producir un plantel según edad y genética era tan difícil — no faltaba criterio ni experiencia, faltaba una medición lo bastante fina como para que la comparación significara algo.

Qué se instaló

En planta

  • Conteo de huevos por visión, continuo y en todos los galpones
  • Radares de nivel en los silos de alimento
  • iGromi OS sobre la infraestructura que ya existía

En los datos

  • Modelo matemático propio: del nivel medido al peso real del silo
  • Producción cruzada con edad del lote y línea genética
  • Integración con SAP: iGromi no reemplaza el ERP, lo alimenta

El resultado

El conteo pasó de una desviación del 5-15% a una precisión del 99,9%. Los silos se miden por radar con 90-99% de precisión diaria y 95% en la lectura semanal — que es la ventana con la que de verdad se decide.

Producción y consumo dejaron de ser dos números que alguien cuadraba a mano y pasaron a ser una sola lectura, por galpón y por semana: cuántos huevos dio este lote, de esta genética, a esta edad, con este consumo de alimento.

Eso no es un conteo automatizado. Es una capacidad que antes no existía: saber si una línea genética rinde lo que promete, con evidencia y a tiempo para hacer algo al respecto.

Por qué decidieron hacerlo

La decisión no salió de un problema puntual sino de tres cosas juntas: el tiempo que consumía el proceso completo, la cantidad de personas involucradas en producir un dato que igual llegaba tarde, y una decisión táctica de consolidar los datos en un solo lugar.

No compraron un contador de huevos. Decidieron dejar de tener el dato repartido entre planillas, sistemas y personas. El conteo fue el primer paso de eso, no el objetivo.

Nota metodológica

Caso documentado y publicado con autorización de PROA. Las cifras de desviación del conteo manual, precisión del conteo automático, precisión de la medición de silos y duración del cruce de datos provienen del cliente. La afirmación sobre la composición de errores en la conversión alimenticia es una derivación matemática de esas cifras, no una medición independiente.

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